El dicho de vuestro arte bien

Juan Cruz

En el trabajo de Juan Cruz (Ciudad Real, 1986) siempre ha predominado un profundo
interés por la mirada, por el modo en que se muestran las cosas y cómo las percibimos.
Un juego en el que, para el artista, la subjetividad y la distorsión están siempre presentes,
no como medios de alteración de la realidad, sino como la única forma de acercarnos a
ella desde nuestra individualidad.
En esta ocasión, con «El dicho vuestro arte bien» (su primera exposición individual en la
galería Modus Operandi), Juan Cruz nos invita a una reflexión formal y conceptual sobre
cómo observamos, nos aproximamos e interpretamos el arte, específicamente la obra de
Velázquez, a través de las pantallas.
Con el auge de internet y la aparición del smartphone, la manera en que contemplamos
y nos relacionamos con el mundo cambió para siempre. Una ventana de apenas unos
centímetros cuadrados, pero de profundidad infinita, se abrió en la palma de nuestras
manos, permitiéndonos explorar el mundo más allá de lo que nos rodea con una facilidad
y accesibilidad extraordinarias, sin necesidad de salir de casa o de abrir una enciclopedia.
De igual manera, la forma en que contemplamos y nos relacionamos con el arte cambió
radicalmente. En cuestión de segundos, podemos tener frente a nosotros una obra que
antes solo podíamos ver en persona en un museo o de forma indirecta en un catálogo o
libro de Historia del Arte. No solo cambió la velocidad y la accesibilidad, sino que el
avance de la tecnología digital nos permite observar una obra de arte con un nivel de
detalle y calidad inimaginable en las imágenes que solíamos encontrar en aquellos
catálogos y libros.
Otro fenómeno interesante es cómo miramos el arte a través de las pantallas de nuestros
dispositivos móviles y ordenadores, bajo lo que podríamos llamar la «dictadura indómita»
de la imagen. Aunque internet es un universo saturado de información, la imagen
siempre prevalece. En ese interminable «scroll» al que nos sometemos a diario, nuestros
ojos se enfrentan a un sinfín de imágenes que surgen de un descontexto absoluto. Por
ejemplo, una obra de arte puede aparecer en nuestras pantallas tantas veces que
podríamos describirla sin necesidad de verla, pero quizás no podríamos decir el nombre
del artista o el título de la obra. Es el régimen absolutista de la imagen.
Partiendo de esta premisa, Juan Cruz desarrolla su proyecto expositivo «El dicho vuestro
arte bien». El título hace referencia al contrato que firmaron Juan Rodríguez (padre de
Velázquez) y Francisco Pacheco (maestro y futuro suegro de Velázquez) para que
Velázquez, con 12 años, ingresara como aprendiz en el taller de Pacheco. Una de las
cláusulas del contrato dice: «(…) vos le enseñéis el dicho vuestro arte bien e
cumplidamente según e como vos lo sabéis». Un contrato que establece las bases de un
artista cuyo alcance, en ese momento, ninguna de las partes podía imaginar. Un juego
entre lo posible y lo trascendente con el que Juan Cruz nos introduce a esta exposición a
través de su título.

Lo posible y lo trascendente, el píxel y la pincelada, obra e imagen, espectador/a y
mirada, significado y significante, luz y oscuridad: son algunas de las relaciones que
configuran la complejidad barroca en la que se articula esta exposición. Una complejidad
que se traduce en tensión y se revela en «El dicho vuestro arte bien», tanto en su forma
como en su discurso. Así, las dimensiones de un teléfono móvil nos permiten descubrir
qué obras se ocultan tras fondos aparentemente planos y la aparente simplicidad de un
píxel encierra la complejidad de pinceladas y texturas que, a su vez, salvaguardan una
narrativa de mayor complejidad.
En definitiva, Juan Cruz nos invita a cuestionarnos, en «El dicho vuestro arte bien», nuestra
propia condición de espectadores/as: cómo miramos y nos acercamos al arte en la
actualidad, cómo creemos conocer dicho arte a través de las pantallas y hasta qué punto
esta nueva condición de espectador/a transforma el propio arte. Porque, ¿puede ser «Las
Meninas» el mismo cuadro cuando era contemplado solo por la corte de Felipe IV, que
cuando es visto por los más de 8.000 visitantes diarios del Prado, o cuando lo miran
millones de personas a través de sus teléfonos móviles?

Guillermo Amaya Brenes